Esa luz que agita el mar
©Andrés Morales

ARROPADOS, ENJUTOS, ABIERTOS EN SUS OJOS LOS HUESOS DE LA PENA, MÁS QUE UNA MIGAJA DE LA MESA, MÁS QUE EL SUSURRAR DE MONEDAS Y SU LEPRA, ESPERAN UNA VOZ QUE EMPIECE EL CANTO.

Esa luz que agita el mar en esta noche,
las heridas que reclaman, los fragmentos
de viejas pasiones enlutadas;
la seca tos de alguna enfermedad,
todo eso no bastará para irse,
para así partir al fin hacia lo oscuro.

Ya se acabará este castigo:
saldremos del confín de las letrinas,
del húmedo rincón, de los desiertos
nocturnos de las calles desgajadas.

Haremos una fiesta sin venganza,
sin mártires, ni pan, ni sacrificios;
haremos que los gritos de los niños
inunden -sus chillidos- el paisaje.

No puede haber más iras ni condenas:

Regresan poderosos a este barro.


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