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La caravana
©Ketty
Alejandrina Lis
A Jorge Isaías
Buscando
qué no sé
la oscura caravana
en un momento más me aplastará
lo sé
flotando como si tuviese alas.
Los libros del estante en su conjunto hablan
o eso me parece y dicen
no mires para atrás la profecía lo ha prohibido
no mires adelante porque todas las sibilas se asemejan
y conocen
y abusan
del encanto de los cantos de sirena.
No mires hacia el piso del vacío porque hay niebla
y en medio de la niebla se alza un brazo desvelado
que señala el lado opuesto del nirvana
y en ese opuesto mora
se esmera y se demora
un huevo de serpiente.
El zonda está cercano
sí
y es preferible
sellar sin pánico los poros
que el zonda se ahonda en los peñascos
enajena
junto a los ojos fijos de los buitres.
No mires para atrás el piso es bajo
e igualmente es bajo
el tórrido torrente que en furioso avance
asperja
ahoga
y aprieta hasta matar a la manera de una boa.
Ah la frágil frescura de las fresas
remitiendo al sueño primordial
de parábolas en puro movimiento.
Dentro del cuadrado y fuera de él
abrasa la cabeza
el diamante va limando va tallando
(estas son imágenes privadas
sin mi autorización viven en mí
nadie lo sabe)
surcos que vienen del delirio y los palillos
baten el parche en su redoble a muerte.
¿Dónde se habrá escapado el sol?
Negrura pegajosa
que contamina por el amargo y pegajoso olor del ámbar.
La caravana hiede hiere hierve
me busca
y en un momento más me aplastará
lo sé
por eso
imprescindible es que nunca mire para atrás
(la profecía lo ha prohibido).
Jamás hacia adelante.

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