Llevo una familia a cuestas
tropel de simios,
tristes, desolados y perdidos.
En templos se ha borrado la esperanza:
en dioses inventados
y visitaciones extraterrestres.
Sólo queda ésta, la ciudad indigna,
más una hecatombe de profeta
condenado a una carestía tramada en opulentas
edificaciones.
Beduinos somos de paso
arrastrado de cangrejos,
al fondo de un precipicio
darwinista.
Vamos los tres arañando
un vía crucis sin sentido
de animales rezagados,
en un universo por otras alimañas
poseído.