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Fogoso
patriotismo Motivado por el aleluya de la guerra el sentimiento por la patria arde en los corazones de Luis y Fernando. Sobrios como jueces de circuito entran al "Bar de Emiliano". El tabernero con cara de sebo los recibe. Una sonrisa lambona que reparte por doquier disimula sus ojos sancochados. Hacen la V mientras se sientan. ¾... pues dos Coronas ¾gruñe agresivamente Fernando al cuestionamiento que el tabernero les hace con el sebo que centellea en la penumbra. Panean 270 grados con las cejas contrariándose. Garbo, parla y gestos afirman repetidamente el balanceo de pandilleros. El ambiente está agitado. La emoción patriotera es desbordante. El aire de triunfo nubla la cortina de humo del cigarro y de las risotadas. Las banderas del imperio que ondean por todos lados opacan las miradas de soslayo cotidianas de ese bar para dar paso a una cálida hermandad. Los televisores anuncian la gran cruzada contra el maligno con todos los condimentos militares, financieros y tecnocráticos. ¾Vamos a darle palo a ... ¾Bien merecido lo tienen ... ¾Palo no. Candela. Tin, repiquetean las botellas que desocupan en un santiamén como si sus vidas dependieran de ese instante. ¾Eso... Candela. El unísono de sus voces suena como un eco al sentir general. Pedro da su asentimiento cuando la V de la mano derecha de Luis se levanta. La arrogancia de quien se cree ombligo del mundo cubre los 360 grados de ese antro que por un momento deja de ser cueva de alimañas para convertirse en tierra de vencedores. La sed no es solo de justicia divina. Los guargüeros celebran de antemano la victoria con cebada fermentada. El sebo vuelve a brillar cuando el tabernero sale de su
escondite y les sirve otra tanda.
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