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Omnipresencia ¿Estás
aquí, allá o acullá? -me preguntan al mismo tiempo Héctor, Juán Pablo
y Freda. Esa pregunta me produce pánico al constatar que mis
carnes acostumbradas a compartir un tiempo y un espacio señalados están
ahora en tres partes.
El vértigo que siento al subvertir la medida
del espacio es un absurdo para un simple mortal como yo, que al hacerlo
se enmanguala con la ubicuidad de los dioses.
El ayer, el hoy y el mañana, no me producen temor
porque ya los he develado descubriendo sus secretos. Por esa razón
había aceptado tiempo atrás participar en las lecturas que
realizan los escritores de la diáspora en las librerías
de Barnes and Nobles de Coral Gables, Kendall y Plantation, en el estado
del sol. En ese momento no me di cuenta que comprometía mi presencia
con un futuro ubicuo que ahora me tiene tripartido.
Por eso si me preguntas de nuevo dónde estoy
te puedo asegurar que ahora mismo te presento a ti Héctor Vallés,
aquí en Coral Gables; a ti Juan Pablo Salas, aquí en Kendall,
y a ti Freda Mosquera, aquí en Plantation.
Esta relación lineal de un hecho simultáneo
me impide adentrarme en los vericuetos de la obra de cada uno de ustedes
estimados compañeros. Creerán que he cometido una injusticia al
dejar a la escritora de último en esta relación. Para evitar
cismas en el seno de la diáspora quiero aclarar que este orden
obedece más al orden temporal en que ustedes me solicitaron que
los presentara, y no a supuestas manipulaciones que se entroncan más
con el manoseado tema de congresos académicos cegados con géneros
e identidades reivindicadoras.
Por otro lado, no quiero estropear la lectura de tu
libro Héctor que has llamado "Memorias del sanatorio" con disquisiciones
sobre el mundo de la sinrazón razonada; ni del tuyo Juan Pablo,
esas "Crónicas del último colombiano" desplazado de su amado
espacio telúrico; mucho menos tus "Cuentos de seda y de sangre",
Freda, donde el erotismo se derrama a borbotones. Prefiero que los compren
y los disfruten, porque están hechos para entretener y no para
cambiar el mundo que de por sí cambia vertiginosamente.
Como el papel aguanta todo, en el Nuevo Herald aparecía
mi nombre como presentador de ustedes tres a la misma hora en diferente
lugar. Casi nadie se dio cuenta de ese entrecruce obnubilados por la amnesia
del presentismo devorador.
Tu llamada Freda, para avisarme que me habías
dado el honor de presentarte aquí esta noche y de que ibas a leer
el anuncio en el programa Monitor de Caracol Radio, me alertó del
entrecruce y me llenó de angustia cuando me dijiste que no te fuera
a quedar mal con ese tono sensual de seda que emula a tus cuentos.
-"Acuérdate que serás el último
colombiano al que recurra si me dejas plantado", me dijiste tú
Juan Pablo, con un dejo de cordial amenaza que me hizo imaginar la recibida
por el protagonista de tu obra en una llamada que entró por la
otra línea mientras hablaba con Freda.
En el momento que hablábamos three way
entró Héctor a apersonarse que cumpliría el compromiso
de presentarlo.
A los tres les di el sí como novio que no sabe
para dónde coger cuando está frente al altar al lado de
una novia puesta a fuerza.
Afortunadamente un alma gemela con la mía, que logra
trasladarse a dimensiones desconocidas, me prestó un cassette que
conduce a la omnipresencia si uno se relaja a profundidad y se auto-hipnotiza.
Aunque el espíritu es el que logra fraccionarse
para viajar a donde uno quiera y azuzado por el compromiso contraído,
me di a la tarea de lograr lo mismo con el cuerpo.
De mi padre aprendí que palabra dada, palabra
sagrada; que no debe profanarse, aunque para ello haya que romperse en
pedazos con tal de cumplirla al pie de la letra. | Presentación | Narración | Ensayo | Poesía | | Plástica | Copyright 2000 Literart.com, All Rights Reserved. |