Prometeo liberado
©José
O. Alvarez
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El
titán griego Prometeo se robó el fuego de los dioses para dárselo a
los mortales. Teresa María Rojas, emulando a ese titán, tomó esa llama para
irradiarla en sus clases de teatro en los recintos del Miami-Dade Community
College -Wolfson Campus con su sala Prometeo. Como benefactora
comunitaria tuvo que arrastrar las cadenas de la indiferencia y los picotazos
malintencionados de las águilas que penetraban sus entrañas con la
intransigencia. Afortunadamente poco a poco las cadenas empiezan a romperse y
los picotazos se han vuelto esporádicos.
Nació
en La Habana, Cuba y como lo afirma ella con esa gracia caribeña de palmera que
se yergue al hablar, lleva a Cuba en la sangre y en el temperamento. Siempre
tuvo la inclinación artística, y por su buena memoria, era seleccionada para
recitar poemas largos en los actos conmemorativos. De adolescente comenzó en el
Teatro Universitario de la Habana. No soñaba con ser actriz porque eso era una
realidad innata, como el aire que respiraba. Pensaba más bien en ser abogado y
viajar el mundo entero. Ahora prefiere quedarse en casa y viajar con la
imaginación. Del teatro universitario pasó a formar parte del grupo Prometeo
dirigido por Francisco Morín, su mentor, su iluminador, aquel que trascendió
las fronteras estrenando obras universales al mismo tiempo que lo hacían las
grandes capitales del mundo mientras daba a conocer el talento criollo del
calibre de José Triana y Virgilio Piñeira.
Como
casi todos los inmigrantes, Teresa Rojas trabajó en muchas cosas hasta que logró
entrar como profesora de tiempo parcial al Miami-Dade Community College en 1972.
En 1975 le brindaron la posibilidad de conformar un grupo a nivel nacional que
bautizó con el nombre de Prometeo en memoria de su mentor habanero. Las
paredes de su oficina repletas de fotos dan crédito al casi centenar de
producciones que ha tenido Prometeo en su cuarto de siglo de las cuales
la última obra es la que más la impacta aunque el fantasma de las obras
anteriores la sigan persiguiendo en sus ensueños.
Todos
sus estudiantes se han destacado. Por medio del teatro han logrado dominar o
realzar el angel/demonio que llevan dentro. Varios han sobresalido como
productores, actores, directores y trabajan profesionalmente. Teresa Rojas acoje
en su regazo a cada estudiante, porque para ella tiene la misma importancia el
estudiante que llega con sus temores y sus sueños como el que triunfa en el
camino.
Prometeo es un programa que no tiene crédito universitario.
Quienes participan lo hacen por amor a las tablas, por el glamour de lo que
representa el teatro, por socializar, por curiosidad. Se inscriben estudiantes
de todas partes del mundo, especialmente del hispano. Según Teresa Rojas,
“Miami es ese corazón de las Américas que late más fuerte” y Prometeo
lo refleja.
Aunque
hay montajes en el idioma de Shakespeare, Prometeo insiste en hacer
montajes en el idioma de Cervantes convencidos de que una de sus misiones es la
de preservar y promover la cultura hispana.
La
lucha de Teresa Rojas sigue igual como al principio porque siempre hay obstáculos
que sortear y porque es una luchadora empedernida. Lo demuestra esa energía que
irradia a todo momento. Su lucha no busca premios ni castigos. Es algo que en
todo se parece al amor y que se hace porque la sangre que palpita huracanada lo
exige como forma de vida.
Cuando
Prometeo
presentó a Fernando Arrabal por primera vez, el dedo ídice la señaló
con insidia. Lo mismo sucedió cuando se presentó por primera vez en Miami una
obra de Virgilio Piñeira a la cual asistió la policía, no para verla o
juzgarla, sino para proteger a los asistentes, mientras que en la Habana
Virgilio Piñeira, frente a un grupo de intectuales latinoamericanos reunidos en
la isla, valerosamente se atrevía a decir que estaba muerto de miedo.
Con
la expresión de quien tiene la bondad a flor de piel, Teresa Rojas afirma que
“comprendo esas reacciones porque a mí me tocan profundamente”. Sin embargo
lo que hace Teresa Rojas lo hace sin intenciones desviadas. Con un destello de súplica
que empaña sus ojos vivarachos dice que “quiero hacer mi trabajo de la manera
más digna sin lastimar a nadie”.
Aunque
el Miami-Dade Community College – Wolfson Campus financia y respalda al grupo Prometeo
sin embargo el presupuesto es reducido. Las funciones son gratuitas y las
entradas por concepto de matrícula son ínfimas. El estudiante paga solamente
$45.00 para disfrutar de un programa de un nivel envidiado por instituciones que
en otras latitudes exigen matrículas rascacielos.
El
Miami-Dade Community College – Wolfson Campus les ha dado un teatrino que
pronto estrenará Prometeo una vez terminen de acondicionar luces,
sonido, plataformas. Para estrenar ese minúsculo espacio atiborrado de pasión
escénica, van a presentar la obra de Nilo Cruz, un exestudiante de Prometeo
que se ha convertido en un dramaturgo de poderosa envergadura y que la crítica
compara a los trabajos de juventud de Tennessee Williams. Nilo Cruz es un
cubano-americano que no cae en el panfleto porque su obra la cubre de belleza y
poesía.
Teresa
Rojas tiene la capacidad infantil de sorprenderse, de descubrir, de amar, y esa
capacidad la inyecta a sus alumnos quienes la idolatran porque con ella aprenden
a apreciar que la vida es maravillosa y que la mejor obra que tienen que
representar es la suya propia.