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La verdad sospechosa
de cabeza de Vaca La insistencia de Cabeza de Vaca en confiar en la divinidad; de presentarse como portador de virtudes y de mostrar las cualidades de una tierra recorrida, hacen sospechar sobre las intenciones que pretendía con la relación de esas verdades. Consciente o inconscientemente Alvar Núñez Cabeza de Vaca sigue la unidad trinitaria cristiana en sus "Naufragios". Esas tres partes se refieren a la divinidad (Dios y el rey como su representante); los mortales redimidos (él mismo en primer plano y en plano muy secundario sus compañeros); y la tierra de promisión, que encajaban en la mentalidad de una época que exigía el dulce canto de sirenas de oídos intransigentes.
Dios y Vuestra Majestad son antepuestos a todas las acciones y esperanzas. Cabeza de Vaca dice que solo la misericordia que Dios nuestro Señor tuvo para con él fue la que le sirvió para escapar, puesto que siempre tuvo esperanza en su misericordia. La relación plantea que "si Dios nuestro Señor fuese servido de sacar alguno de nosotros, y traerlo a tierra de cristianos, pudiese dar nuevas y relación de ella" (107). Una y otra vez, el protagonista de esta odisea se encomienda a Dios para que lo saque de aquella "captividad", insistiéndole a sus compañeros el perseverar. Consciente que el chamanismo era castigado con la hoguera, deja claro que tuvieron que aceptar ese oficio por necesidad porque les quitaban la comida. No recurrían a la norma chamánica sino curaban santiguando y soplando mientras rezaban Padrenuestros y Ave Marías, a la vez que "rogamos a Dios nuestro Señor que lo remediase; y ansí, comenzaron a sanar todos" (115). Todos los enfermos, al santiguarlos decían que quedaban sanos. El que no sanaba creía que con sólo estar con ellos no sufriría enfermedad. Castillo fue el primero que empezó con las curaciones santiguándose y encomendándose a Dios, pero tuvo más eficacia la oración de Cabeza de Vaca porque terminó siendo el principal curandero. Según Cabeza de Vaca los indios tenían noticia de ellos y cómo curaban, pero da por sentado que los indios sabían "de las maravillas que nuestro Señor con nosotros obraba" (76), lo que es dudoso porque ellos siempre creyeron que eran hijos del Sol y no del Dios predicado por los españoles. El referente cristiano está implícito en la relación. Hay varios hechos que corroboran la intertextualidad. La noche que se pierde Cabeza de Vaca dice que "plugo a Dios que hallé un árbol ardiendo, y al fuego de él pasé aquel frío aquella noche" (78), una clara referencia a Moisés y la zarza ardiendo. Las cargas muy pesadas y todos los sufrimientos durante esos seis años de cautiverio, parecen inspirados en el Libro de Job y el martirio de Jesús. El mismo protagonista nos dice que la mucha sangre derramada lo hizo pensar en la pasión de Jesucristo y su divino sacrificio. El sermón de la montaña y la multiplicación de los panes del Nuevo Testamento se pueden vislumbrar cuando habla que "muchas veces traíamos con nosotros tres o cuatro mil personas. Y era tan grande nuestro trabajo, que a cada uno habíamos de soplar y santiguar" (112). Sin embargo, siempre había comida para toda esa multitud. Lo único que diferencia con las Sagradas Escrituras y le da ese toque pagano, es que ellos no multiplican los panes, sino que éste es obtenido del robo y saqueo de comunidades indígenas que se sumaban a la peregrinación para hacer lo mismo con otras tribus. Por otro lado, no son ellos los que reparten el pan, sino los jefes indios, siendo simples intermediarios asemejados al Buen Pastor que cuida a su rebaño sin buscar el beneficio personal. Las parábolas son emuladas en los diferentes cuentos que relaciona Cabeza de Vaca. Sobresale la que se refiere al monstruo con características hispanas (la barba) que atacaba a esas comunidades. Ese ser extraño que llamaban Mala Cosa no fue tomado en serio por ellos en principio sino como objeto de burla, ante lo cual, "como vieron que no les creíamos, trujeron muchos, y vimos las señales de las cuchilladas" (84). Nuevamente aprovechan para sentar las bases cristianas introduciendo la creencia en Dios nuestro Señor para que no los molestara de nuevo, lo que los indios hicieron y estuvieron tranquilos, más bien porque aceptaban la promesa de esos barbados de que no iban a utilizar sus poderes contra ellos. Acercándose al mensaje de amor predicado por Cristo, estos cristianos desterrados asumen poderes concialiatorios. Cuando los indios tenían guerras con los otros se hacían luego amigos por sus buenos oficios limando asperezas. Predicando entre ellos la palabra de Dios, "dejamos toda la tierra en paz, [ ] que si lengua hobiera con que perfectamente nos entendieramos, todos los dejáramos cristianos [ya que son] gente bien acondicionada y aprovechada para seguir cualquiera cosa bien aparejada" (122). Como una de las cosas perseguidas por la Inquisición era la idolatría, Cabeza de Vaca deja muy claro que estas comunidades no hacían sacrificios sacrílegos ni adoraban ídolos. Por esta razón se atreve a asegurar que quiera que en los días de Vuestra Majestad y debajo de vuestro poder y señorío, estas gentes vengan a ser verdaderamente y con entera voluntad sujetas al Señor que las crió y redimió. Lo cual tenemos por cierto que así será, y que Vuestra Majestad ha de ser el que lo ha de poner en efecto (140). Al ver rastro de cristianos lo primero que hicieron fue dar "gracias a Dios nuestro Señor por querernos sacar de tan triste y miserable captiverio" (129), corroborando una vez más la esperanza y fe en la divinidad. Alvar Núñez Cabeza de Vaca se nos presenta en la relación como un mortal perdido que busca la redención a toda costa. No quiere dejar pasar en balde esos trabajos, privaciones y sacrificios ante un tribunal que exigía pruebas concretas que fueran en beneficio inmediato para la corona. La redención que busca este peregrino, se ajusta a la promovida por la hagiografía cristiana. La prudencia y el sabio consejo están presentes desde el comienzo cuando se opone a abandonar las naves. Una y otra vez da la misma respuesta a pesar de que le rogaban mucho, llegando a cuestionarse su honor al considerarlo cobarde por no querer adentrarse en tierra extraña. "Yo respondía que me parescía que por ninguna manera debía dejar los navíos sin que primero quedasen en puerto seguro y poblado" (10), requiriendo de parte de la majestad del rey que se siguieran sus planes aún al mismo comisario quien opinaba lo contrario. Cabeza de Vaca no quería encargarse de esa misión suicida "porque tenía por cierto y sabía que él no había de ver más los navíos" (12). En vista que Cabeza de Vaca era quien más importunaba, su jefe le ordenó que se fuese a pie. La prudencia y obediencia eran su lema y siempre daba aviso al gobernador de lo que veía. Al denunciar que pensaban meterse en mar tan trabajosa sin tener noticia del arte de navegar, y aún más que el gobernador se negaba a ayudar pudiéndolo hacer por contar con mejores navíos y gente más sana y recia, lo que hace es resaltar su carácter prudente, ecuánime y sumiso. Al ver la poca posibilidad de seguir al gobernador, Cabeza de Vaca vuelve a colocarse como súbdito al pedir la última orden de su superior quien respondió pilatescamente que "ya no era tiempo de mandar unos a otros; que cada uno hiciese lo que mejor le paresciese que era para salvar la vida" (37). La figura de Cabeza de Vaca siempre resurge de las cenizas. Al quedar con hombres que no estaban del todo sanos, sino más bien "todos caídos excepto el maestre y yo" (38), tiene que asumir la responsabilidad total del grupo porque hasta el mismo maestre se pone malo. Cuando el maestre se recupera toma cargo de la barca, y sólo hasta ese momento Cabeza de Vaca dice que "yo reposé un poco muy sin reposo" (38), mostrándose como pleno caballero ideal quien no hallaba sosiego ni en el descanso. Esta clase de actitud responsable se hace patente cuando trata de justificar el porqué de su larga estadía en la isla del Mal Hado. Casi seis años estuvo entre ellos sólo y desnudo. La razón que nos da se compadece con esa visión que quiere dar de sí mismo como capitán de navío que no abandona a nadie. Quería llevar consigo a "un cristiano que estaba en la isla, llamado Lope de Oviedo" (59) a quien le rogó durante seis años que escaparan pero quien siempre lo detenía alegando que lo harían al siguiente año. Sólamente se escapó cuando Lope de Oviedo accedió a acompañarlo, pero como no tenía el carácter de Cabeza de Vaca, "se volvió y yo quedé solo" (60). Esta actitud no queda aquí. Cuando encuentra a Castillo y Estebanico quienes no se atrevían a escapar por no saber nadar, él se compromete a pasarlos en los ríos y ancones que encontraran. Cabeza de Vaca en su relación se distancia de sus compañeros al presentarlos, sin decirlo abiertamente, como pusilánimes, pecadores, caníbales, abusadores. El pasaje que habla de la antropofagia cristiana es un ejemplo de ello. Sin embargo, va más lejos porque ni siquiera nunca come caballo cuando se ven abocados a matarlos, cosa que sí hacen los otros. Los indios se espantaban de ver que poco comía y que nunca le sintieron cansancio. A esto se sumaba el don de distribución equitativa ya que todo lo que saqueaban o les regalaban tomaba muy poco y lo repartía a todos por igual a través de los principales. Aunque los físicos son los hombres más liberados porque pueden tener muchas mujeres insinuando con esto que sus compañeros lo hicieron, él se nos presenta como el asceta que logra curar aceptando retos como el del "enfermo que estaba muerto" y que resucitó bueno y sano "causando gran admiración y espanto" (83). Su compañero Castillo, quien había empezado las curaciones, no se atrevía a hacer lo mismo porque "creía que sus pecados habían de estorbar", sutilmente demostrando que la poligamia era el impedimento para realizar trabajos de esta envergadura. Las curaciones de poca monta fueron realizadas por todos "más por la mucha importunidad" que por sus méritos, porque hasta el mismo Dorantes y el negro que nunca habían curado se convirtieron en médicos aunque Cabeza de Vaca nos aclara que él era el más señalado. Al hacerse mercader, procura de "usar el oficio lo mejor que supo" (58), logrando lo que los indios por sí mismos no podían lograr: un puente de intercambio. Cabeza de Vaca con este oficio, puede desplazarse entre las diferentes tribus enemigas sin peligro ya que goza de mucha autoridad y gravedad que se encarga de conservar hablando pocas veces. Es el negro el que "les hablaba siempre" (121), aunque luego aclara que sabían seis lenguas que no pueden aprovechar porque hallaron miles. La autoridad llegaba al extremo de que los indios no los molestaban para evitar su enojo. Podía causar la muerte, como sucedió el día que "adolescieron muchos de ellos, y otro día siguiente murieron ocho hombres" (114), porque creían que mataban con sólo quererlo. Entre los indios "era tan grande entre ellos nuestra autoridad, que ninguno osaba beber sin nuestra licencia" (107). De esta forma Cabeza de Vaca, un simple mortal, se redime presentándose con atributos que posee la divinidad. Hay una contradicción bien grande en las relaciones de Cabeza de Vaca en lo referente a esa tierra de que ninguna relación tenían y que recorre por ocho años desde lo que es actualmente la Florida, hasta México. Posiblemente las privaciones que vivieron al comienzo lo llevaron a reflejar un panorama desolador de una tierra que hallaron "muy pobre de gente y muy mala de andar, por los malos pasos y montes y lagunas que tenía" (23). Lo que encuentran al principio son casas desamparadas y solas o quemadas de las cuales se apodera el gobernador Narváez tomando posesión simbólica de pueblos fantasmas. A la pregunta que los cristianos hacen a los indios pobres que encuentran recién naufragan sobre las gentes y las tierras que viven más hacia el poniente, los indios responden que "adelante había menos gente y muy más pobre que ellos, y que la tierra era mal poblada" (23). Ellos mismos lo reconocen al renegar diciendo que "tal era la tierra en que nuestros pecados nos habían puesto" (29). Al final de la jornada vuelve a repetirse el mismo fenómeno cuando andan por tierra despoblada porque los moradores han huido a las sierras por miedo a los cristianos. Los indios prefieren destruir y quemar los pueblos antes que entregarlos a los extraños. A medida que su situación mejoraba la tierra empezaba a mostrarse en todo su esplendor. La influencia bucólica se retrata en esas tierras exuberantes donde hay "muy grandes y hermosas dehesas, y de muy buenos pastos para ganados; y parésceme que sería tierra muy fructífera si fuese labrada y habitada de gente de razón" (72). Lo que pasa es que los que han llegado no reúnen los requisitos para lograr la expansión imperial como debe hacerse. La sinrazón de los conquistadores había minado la credibilidad de los indios quienes estaban "determinados de dejarse morir que esperar ser tratados con tanta crueldad" (125). Cabeza de Vaca queda embrujado por la tierra y por la calidad de la gente que la habita cuando se le trata bien ya que "se ve que estas gentes todas, para ser traídas a ser cristianos y a obediencia de la imperial majestad, han de ser llevados con buen tratamiento, y que éste es camino muy cierto, y otro no" (125). Aprovechando la autoridad que le han conferido las comunidades les sugiere que "volviesen a sus casas y se asegurasen y sembrasen su maiz" (126). Los indios desconfían porque de un lado tenían a Cabeza de Vaca y sus compañeros considerados Hijos del Sol que venían de donde salía el astro rey y, por otro lado, los otros cristianos mentirosos procedentes del poniente. Otra razón de peso era que "nosotros sanábamos los enfermos, y ellos mataban los que estaban sanos [y] nosotros no teníamos codicia de ninguna cosa, antes todo cuanto nos daban tornábamos luego a dar" (132). Aún así, les mandaron cual dioses bíblicos que "sentasen sus pueblos, y sembrasen y labrasen la tierra" (133). La fertilidad y abundancia es natural porque es una "tierra que ninguna cosa le falta para ser muy buena [con] muestras grandes y señales de minas de oro y plata" (133). Sin embargo la tierra estaba despoblada, sin labrarse y toda muy destruida y sin indios. Abusando de la ingenuidad de Cabeza de Vaca, le pidieron en nombre de Dios y la majestad del rey que llamara a los indios para que poblasen y labrasen la tierra. Cabeza de Vaca y los suyos aceptaron la oferta mandando construir iglesias y bautizando a los hijos de los principales. Era tanta la confianza de los indios en ellos que "mucha gente bajaba de las sierras y poblaban en lo llano, y hacían iglesias y cruces y todo lo que les habíamos mandado" (139). Cabeza de Vaca da a entender que la cristianización no se logró, por culpa de los cristianos porque con sus abusos los habían hecho huir de nuevo a los montes. La relación etnográfica, probablemente el rasgo más valioso de los Naufragios, fue puesta por Cabeza de Vaca con el propósito de que "se vea y se conozca cuán diversos y extraños son los ingenios y industrias de los hombres humanos" (118), pero especialmente para que los nuevos conquistadores "estén avisados de sus costumbres y ardides" (96). Cabeza de Vaca no relaciona "Dorados", pero da las pautas para una conquista que esté ausente de rapiña, única manera posible para lograr la cristianización de esas tierras. Posiblemente el mismo Cabeza de Vaca nos diga indirectamente sus intenciones cuando acusa a los indios de mentirosos y astutos para evitar que el agua sucia se le devuelva a él y se descubran sus intenciones. Para este exiliado voluntario los "indios son grandes amigos de novelas y muy mentirosos, mayormente donde pretenden algún interés" (109). Los saqueadores de las comunidades cuando andaban por miles siguiendo a los curanderos se justificaban diciendo que ellos eran hijos del Sol y que "teníamos poder para sanar los enfermos y para matarlos, y otras mentiras aun mayores que estas" (108). Sin embargo, parece que la estadía entre estas gentes penetró profundamente en su ser, porque su relación está llena de generalidades novelescas y de contrastes que ponen en tela de juicio su relación. Las destrezas de mercader adquiridas entre los indios lo llevan a negociar el miedo, las hambres y los silencios. Especialmente éstos últimos juegan un papel importante porque justificaban aun más las intenciones que buscaba Cabeza de Vaca. Esas lagunas que están conectadas precisamente con aspectos que realzan esta visión trinitaria enmarcada en una hagiografía que trascendía en su época, nos dejan entrever que la insistencia callada o manifiesta contiene una verdad sospechosa. Trabajo citado Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Naufragios y Comentarios. Madrid: Calpe, 1922 Glantz, Margo. Notas y comentarios sobre Alvar Núñez de Vaca, Editorial Grijalbo, México D. F. 1993 Enlaces: El largo atardecer del caminante | Presentación | Narración | Ensayo | Poesía | | Plástica | Copyright 2000 Literart.com, All Rights Reserved. |