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María Fernanda Cardoso: La Trasgresión del Hábito
©Adrianna Herrera
| LatinArt: |
La obra de María Fernanda Cardoso, una de las artistas
colombianas contemporáneas que despiertan mayor interés en el ámbito
internacional, es tan irreconciliable como ella misma. Se erigió a sí
misma como icono con la imagen que la hizo famosa: la domadora y reina de
un fantástico circo de pulgas ataviada con altas botas y un traje
plateado mientras dirigía el espectáculo más pequeño del mundo y
demostraba que la conducta de los insectos podía ser convertida en una
obra de arte.
En conjunto, sus creaciones –desde colchones de tierra, hasta agua
tejida con estrellas marinas, sin olvidar sus impresionantes figuras de círculos
rituales con cadáveres de lagartijas y sapos- son una inmersión en las
obsesiones de la infancia: los elementos, los seres anfibios, las
transformaciones, la hibridación o el camuflaje, y en resumen, la
maravillosa variedad de las estrategias de supervivencia ubicadas en
contextos que encaran la violencia política o las simples leyes de la
depredación natural...
Uno de los aspectos más interesantes de su obra es la libertad con que
se enfrenta al material: puede partir de moscas disecadas, pulgas vivas,
tierra, agua o flores plásticas e incluso “souvenir” turísticos,
todos objetos ya dados. ¿Nos podria hablar un poco de esto?
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| María Fernanda Cardoso: |
Mi destino artístico es como un discurso que se va
haciendo, que brota de una exploración constante del material. El
hallazgo de Bachelard fue determinante en ese descubrimiento. Lo encontré
cuando estaba haciendo mi tesis sobre el agua y me ayudó enormemente a
entender el material, su simbología, su sensualidad, su fuerza, la poética
de cada elemento. Yo me descubrí como escultora cuando entendí que podía
esculpir con agua y ahí fue donde comenzó una manera de trabajar en la
que en lugar de fabricar nada, debía encontrar, malear, jugar con
materiales cargados de sentido, buscando que aun más allá de toda
simbología, me impusieran la forma, me dictaran un resultado que provenía
del diálogo con la materia. La creación artística es una relación
entre el ser humano y el material: eso es la base de todo. Es un largo
proceso, en el que no se puede predecir el resultado.
Las obras finales de mis trabajos con el agua fueron dos bolsas
gigantescas de un material plástico como vejigas hinchadas llenas con una
tonelada de agua y adentro las espumas de color se saturaban y se
desplazaban. Hice también copas de agua gigantes con membranas de plástico
que colgaba y llenaba de agua que escurría en gotas y la gente podía
pasar por debajo de esa escultura.
Después del agua me volqué en la tierra, hice obras con pasto germinado,
y empecé a descubrir las formas del maíz, las posibilidades estéticas
de las raíces que se retorcían, de las plantas germinadas... Un hilo
conductor de mi arte es la fascinación total por la observación de otras
formas de vida, conectada a las criaturas y a los elementos.
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| LatinArt: |
La abuela de María Fernanda le enseñó a distinguir
el sexo de los moscos, su abuelo encontró la causa de la malaria en
Colombia, su padre le reveló los nombres científicos de las plantas, y
ella sintió siempre dos fascinaciones: la de los universos de lo más
pequeño –por eso los insectos, las pulgas- y la de los seres capaces de
existir entre elementos distintos, de transformarse. “De niña –confiesa-
yo siempre quería ser sapo, poder habitar entre elementos distintos como
el agua y la tierra”.
Tal vez es una forma de sentir que el poder de la muerte sobre las
criaturas es menor en tanto ellas dominan más elementos; pero al tiempo
manejas precisamente la obsesión por exhibir la muerte recurriendo el cadáver
de estos mismos animales.
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| María Fernanda Cardoso: |
Después de la exploración con materiales vegetales me
enfrentaba al hecho de que inevitablemente la muerte alteraba las formas,
los colores, y hacía que ese arte vivo que yo tomaba de la naturaleza,
manipulando sus elementos, sólo existiera de un modo muy fugaz. Descubrí
que la muerte, aun con todo su dinamismo, estaba más cercana de la
permanencia, y de esa noción surgió la idea de trabajar con los cuerpos
de animales muertos: lagartijas, sapos, culebras, moscos y grillos
asociados a la mitología sobre la hechicería, pero que para mí no tenían
ese significado. Los elegía por su fuerza visual. A las ranas las ponía
en forma geométrica como las figuras precolombinas siguiendo las posturas
de los animales que fueron sagrados para los antepasados. No son
posiciones naturales, pero tampoco lo contrario en la medida en que
resultan comunes para estas culturas: las patas en ángulo recto se
encuentran por ejemplo en todas las figuras de los incas.
La idea del orden que brota de la geometría, el hecho simbólico de las
representaciones zoomorfas con su carga ritual, con la relación con el
agua, la fertilidad y la vida; se mezclaba con la experiencia sensorial
del contacto táctil con esos animales muertos. Partir de esa material es
abrir una puerta surreal, el solo hecho de vivir en un taller que huele a
formol es una experiencia muy fuerte. La primera vez que abrí una caja
llena de sapos muertos me espanté. Recuerdo que hice un bloque que
imitaba el ladrillo y utilicé los cuerpos de los sapos comprimidos. Había
en esa imagen un impacto enorme, que a la vez me resultaba fascinante.
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| LatinArt: |
Hay una intención desafiante en esas representaciones artísticas
de la muerte...
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| María Fernanda Cardoso: |
Es claro que se nos plantea la relatividad de lo que es
permitido o no, bello o feo, al interior de cada cultura, e igual hay una
cuestión platónica acerca de la relación entre la verdad y la belleza.
Según Platón la verdad es bella. Entonces, cuando tú estás mostrando
la imagen de muerte, en la medida en que es verdadera porque es real,
debería desencadenar lo bello. Sin embargo está la percepción del
horror. Así surge un cuestionamiento de ese concepto, la necesidad de
moverse alrededor de éste, de confrontarlo.
A mí me interesaba que la gente mirara la muerte de frente, no una
representación de un animal: la muerte en sí. Esos animales no están
disecados, no pretenden estar vivos... Se convierten en obras de arte por
la manera en que los arreglo y los exhibo y resultan entonces bellos; pero
tú miras un momento y es el cadáver; tú miras otra vez y ves la belleza,
la obra de arte. Es como esa obra de Picasso de la una silla de bicicleta
con los cachos. Miras un instante y es una bicicleta, miras otro, y ves el
toro. Tu percepción salta de uno a otro objeto. Me interesa estar en el
borde de algo que se convierte en arte y algo que no es arte, que es una
realidad simplemente. Tocar ese espacio de las transformaciones...
Por otra parte, se daba un representación de la paradoja entre una
cultura que se niega sistemáticamente a encarar la muerte, pero al tiempo,
la produce de una forma desbocada, tal y como sucede en Colombia, donde la
violencia se convirtió en negocio. Además, también hay una reflexión
conectada a mi afán de investigadora científica. Es claro que la misma
obsesión científica de observación y de clasificación está guiada por
una atracción estética que puede llegar a rozar la muerte que es la gran
pregunta de la humanidad.
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| LatinArt: |
Una parte muy interesante es el trabajo que desarrollas
sobre los juegos de ocultamiento, y el hecho de que lo haces con los
mismos elementos –alas de mariposas- en dos estados: cuando se camuflan
sobre troncos, haciéndose tan rígidas como tierra seca, y cuando
despliegan todo su color, que es el punto de partida de la exposición
“butterfly drawings.”
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| María Fernanda Cardoso: |
El camuflaje es una estrategia rarísima. Que un animal
pretenda ser una planta ya de por sí es como si una mujer quiere parecer
una piedra; es como transgredir las divisiones entre los reinos. Son
pruebas de inteligencia. No es la inteligencia individual de una mariposa
o de un grillo, sino de las especies. Y que además se inmovilicen,
pretendan estar muertas para sobrevivir es algo que ejerce sobre mí esa
fuerza de atracción que produce la belleza. Son extrañas estrategias de
vida que además involucran la idea de la perfección: copian con una
impresionante exactitud incluso las manchas, los detalles mínimos que
hacen a una hoja viva, justamente por sus imitaciones exactas de lo
imperfecto, de las manchas que surgen en la superficie cuando están
descomponiéndose. Son manchas que hacen que parecen que ya se está
rompiendo la hoja. Entonces me preguntaba cómo pueden tener esa
estrategia de belleza, de ser coloridas y atraer la atención en pleno
vuelo y al mismo tiempo la de pasar desapercibidas cuando necesitan
desaparecer para protegerse. No sólo a través de la apariencia física,
sino del comportamiento se hacen invisibles, se inmovilizan. El trabajo
del camuflaje -ramas en yeso y metal cubiertas con hojas secas que en
realidad son mariposas camufladas-las muestra como pequeños Houdinis,
haciendo su acto de desaparición.
La exhibición “Butterfly Drawings” es lo opuesto. Analizo las formas,
los colores, a partir de la simetría. Las alas de las mariposas son como
un espejo y al ordenarlas crean patrones distintos. Juego con maneras de
ordenarlas, proponiendo formas de ordenamiento geométricas que emanan de
los diseños propios de las mariposas y de los dibujos internos de sus
alas. La repetición crea la sensación de movimiento, y reproduce el
principio de la animación. Hay un punto en que el ojo te dice que encontró
lo que estaba buscando.
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| LatinArt: |
¿En que piensas cuando trabajas?
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| María Fernanda Cardoso: |
Formas, colores, en nada más.
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| LatinArt: |
Has afirmado que habrías podido ser científica de no ser
porque necesitabas aproximarte a la realidad desde más de una perspectiva
y eso sólo te lo permitía el arte. Sin embargo, la obsesión por la
investigación entomológica está presente a lo largo de tu trayectoria.
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| María Fernanda Cardoso: |
Para construir esa obra mía de bolas de icopor que cubrí
con moscas – un trabajo que a diferencia del circo de las pulgas no
exploraba las conductas de los insectos sino su morfología - yo criaba
las moscas y cuando morían las disecaba. Y te diría que el resultado
–el punto en que el ojo sabe que encontró la forma exacta- no es lo único
importante. A mí me apasionaba por igual el hecho de aprender a criar las
moscas, construir las jaulitas artesanales, armar una colonia, lograr las
condiciones para que se reprodujeran, seguir el proceso de transformación
de las larvas, acostumbrarme al desesperante sonido que emiten, incluso al
olor a putrefacción de la comida con que las alimentaba; no sólo porque
así cumplía mi fantasía de ser científica -criar animales de
laboratorio y devorar toda la literatura técnica del mundo-; sino porque
había ahí una cuestión de cómo mirar, de observar otros mundos y
revelarlos. |
Tomado de LatinArt.com
con autorización de la entrevistadora.

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